domingo, 21 de septiembre de 2008

Veinte mentiras

Cuando era chico en algún autobús de ida algún campamento o lo que fuera, recuerdo una canción estúpida que iba algo así como... "¡vamos a contar mentiras!, ¡vamos a contar mentiras! Por el mar corre la liebre tra la la, por el monte la sardina tra la la...". Hoy como buen domingo apático y eterno me acuerdo de esa cancioncita y no me quita de la cabeza la palabrita.... mentiras.... mentiras... mentiras...

En algún lugar escuché que cuando nace una persona, durante sus primeros años piensa que todo lo que pasa por su cabeza los demás lo saben, por tanto si tiene hambre o se siente solitaria, todos los demás ya estamos conscientes de ello y atendemos prontamente a su llamado. Llega entonces un segundo paso, en el que esta personita se da cuenta precisamente de lo contrario: NADA de lo que pasa por su cabeza lo sabe nadie más, ese día, quizás antes siquiera de empezar a hablar, aprendemos a mentir; Nos damos cuenta de que ocultar cierta información nos puede ser beneficioso, qué fingir como si el mundo se nos acabara en ese momento llama la atención de los demás, que se puede pensar una cosa y hacer otra, que se puede decir lo que no se siente y se puede sacar provecho de ello.

Mentiras piadosas, mentiras que no se pueden deshacer, mentiras teatrales, mentiras familiares, mentiras que se dicen para impresionar, mentiras que se esconden en un rinconcito donde nadie nadie las puede ver y se preparan para saltar en el momento más inoportuno. Hay unas mentiras preciosas: te amaré para siempre y nunca te voy a hacer daño. Hay otras que nos hacen sentir mejor: nunca te habías visto tan bien como hoy. Hay unas que decimos con el afán de lastimar: Nunca te quise.

No puedo mentirles, todos lo hacemos, todos los días, le mentimos al de al lado, a quien más confía en nosotros, a esos a los que podemos sacarles provecho, a quien no queremos que sepa la verdad, a nuestros padres, a nuestros hermanos y al final siempre al espejo, a nuestra carota de mentiroso que nos ve de regreso y que mientras se burla nos miente: ¡Que guapo te ves eh!

Pero eso si, todos decimos cuanto odiamos que nos mientan, cuanto duele que nos traicionen por omisión de información, por falsas esperanzas, por todas las palabras que se desperdician en decir una falacia. Pero hay que seguirlo haciendo, tememos lastimar al otro, revelarnos desnudos de falsedad, la luz del sol es muy brillante mejor hay que quedarse donde está oscuro, mejor no le digas a nadie lo que eres, que tal que se enteran y te empiezan a decir la verdad.

El niño miente porque lo aprendió bien de quienes le mintieron, porque nadie se puede meter en tu cerebro y sacar información como si fuera el Internet, algunos mienten toda la vida, otros luchamos todos los días contra nosotros mismos por no hacerlo.

- Si sabias mentir tan bien ¿porqué me habías dicho que no?

- Pues por mentiroso.

4 comentarios:

Ticatla dijo...

Excelente entrada (¿estaré mintiendo?)

"sacar información como si fuera el Internet" Eso me recortdó mucho Ghost in the sell... pero después me puse a pensar ¿realmente lo que evita que saquen información de nuestra cabeza es la conectividad con los otros? No, los humanos sí que sabemos "sacar la verdad" de quién oculta algo. No poder mentir, perder la capacidad de esconder ese dato, saber que traicionas como última salida al dolor debe ser uno de los peores terrores.

César Holguín dijo...

Las cosas inútiles, como las mentiras, son hasta cierto punto necesarias. Si de la imperfecta vida humana desaparecieran todas las cosas inútiles, la vida dejaría de ser, inclusive, imperfecta. Y eso no lo dije yo. Es como cuando te mueres de ganas de escuchar un "te amo"... aunque evidentemente éste no sea verdad.

Bitty dijo...

dos... y no es mentira

MastrettaTube dijo...

no pude leer esta entrada sin pensar en un gordo que se mira en el espejo y piensa que es guapo

MastrettaTube fuera...